La Federación Internacional del Automóvil activó el protocolo de riesgo por calor —denominado oficialmente Heat Hazard— para el Gran Premio de Italia, ante las elevadas temperaturas previstas durante el fin de semana en el Autódromo Nacional de Monza.
La medida no representa únicamente una advertencia meteorológica, sino la aplicación de un protocolo de seguridad destinado a proteger a los pilotos de las condiciones extremas que pueden presentarse dentro de los monoplazas.
La alerta se activa cuando el servicio meteorológico oficial pronostica que el índice de calor, resultado de combinar la temperatura ambiental y la humedad, superará los 31 grados Celsius en algún momento de la carrera. Para este fin de semana se esperan temperaturas de entre 34 y 35 grados en Monza.
Dentro del habitáculo de un Fórmula 1, sin embargo, la temperatura puede superar los 50 grados. Los pilotos deben permanecer durante toda la competencia con pasamontañas, casco, ropa interior y traje ignífugo, lo que incrementa el desgaste físico y el riesgo de deshidratación.
SISTEMA OBLIGATORIO, CHALECO OPCIONAL
Con la declaración de riesgo por calor, todos los monoplazas deberán incorporar un sistema de refrigeración compuesto por una bomba, tuberías y un depósito térmico con líquido frío.
La instalación del equipo será obligatoria para la carrera y provocará que el peso mínimo permitido de los automóviles aumente cinco kilogramos. De esta manera, ningún equipo resultará perjudicado por el peso adicional de los componentes.
El chaleco refrigerante, en cambio, será opcional para cada piloto. Esta prenda ignífuga cuenta con tubos internos por los que circula líquido frío para reducir la temperatura del torso.
Si un competidor decide no utilizarlo, deberá llevar medio kilogramo de lastre dentro del habitáculo. La disposición busca impedir que obtenga una ventaja de peso frente a quienes sí empleen el chaleco.
UNA MEDIDA QUE DIVIDE OPINIONES
El sistema no ha convencido a todos los integrantes de la parrilla. Algunos pilotos consideran que los tubos generan molestias dentro de un asiento con espacio reducido y ajustado específicamente a la forma de su cuerpo.
También existe preocupación por la duración del efecto refrigerante. Cuando el líquido pierde su baja temperatura, puede calentarse y provocar una sensación todavía más incómoda durante la parte final de la competencia.
George Russell ya probó el chaleco y expresó una valoración positiva sobre su funcionamiento. Max Verstappen y otros pilotos, en cambio, han preferido no utilizarlo y optar por su preparación física para resistir las condiciones extremas.
Esta será la cuarta ocasión en la que se active el protocolo, después de aplicarse previamente en Singapur, Austin y Austria. Así, en el llamado “Templo de la Velocidad”, los pilotos no solamente competirán contra el cronómetro, sino también contra el calor.
El Gran Premio de Italia se disputará el domingo sobre 53 vueltas al circuito de 5.793 kilómetros de Monza.








