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LA MELODÍA DE ALE; EL PENTAGRAMA DEL FISICOCULTURISMO

Por Ricardo Valseca / ESPECIAL

A lo largo de este tiempo he podido entrevistar a varios deportistas que, en un acto de confianza, nos han compartido retos, tragedias, gustos, miedos y victorias. En todos hemos podido apreciar ese lado humano del deporte que en ocasiones se nos olvida.

En esta ocasión Alejandra Pons, o mejor conocida como Ale Pons, es una joven de tan sólo 22 años de edad que nos comparte sus experiencias como fisicoculturista, pero de una manera muy particular. Ale hace una analogía de los tiempos en el gimnasio con una composición sinfónica, así es, como lo leyó; música y fuerza, vamos a ver de qué se trata.

“Además del culturismo, me gusta mucho escribir poesía, me gusta la música, todo ese conjunto lo veo como una metáfora, es como una sinfonía, el director eres tú, los demás músicos pueden ser los aparatos del gimnasio que te van acompañando, cada día vas practicando esa melodía hasta que el último día, en mi caso sería una competencia, salgas a tarima, sonrías, levantes la mirada y muestres la sinfonía que compusiste”.

Pero cuando se hace música no todo es armonía y allegros, las notas bajas, las negras, los silencios y las desafinaciones también forman parte del proceso y también han sonado en la canción de vida de Ale que, siendo apenas una niña, fue diagnosticada con cáncer, “de pequeña sufrí sobrepeso y obesidad por un tratamiento que tuve, ya que a los 4 años tuve cáncer, entonces por la cuestión de quimioterapias, radioterapias y por esteroides, subí de peso”.

“Y luego me detectaron otra enfermedad, hipotiroidismo, eso hizo que subiera aún más de peso, hasta que encontraron mi tratamiento adecuado y me regularon. A esa edad no sabía mucho, hasta la fecha no recuerdo todo lo que pasó, pero mis padres me han contado cómo fue, sé que fue una época muy complicada. Ahora me doy cuenta de que, gracias a los médicos, el apoyo y el amor de mi familia, pude salir de eso”, añade la joven llena de sueños y metas.

Pero cuando se es una buena directora de orquesta, los retos son sólo inspiración para seguir leyendo las partituras de la melodía y seguir adelante con el concierto, “siempre he practicado deportes; natación, taekwondo, box y, de hecho, el gimnasio no me gustaba nada hasta que mi papá me obligó a ir. Mi hermano mayor también, él quería ser culturista profesional, pero por una lesión no pudo y me estuvo platicando y dije: va, voy a probar. Pero iba un día si, dos no, hasta que empecé a ver cambios en mí físico y dije ¡wow! me gusta. Y fue así como llevé dos años y medio de gimnasio, hasta que mi entrenador me dijo que podría competir”.

“En 2021 me preparé, empecé en julio y fueron cinco meses de una preparación total y en septiembre me subo a la primera competencia y sin esperarlo gané un tercer lugar; en ese entonces era la más pequeña de la competencia con 21 años. El 3 de octubre fue mi competencia oficial, mi categoría era juvenil donde gané el primer lugar y seguí participando para ganar el Absoluto, ya no gané, pero la verdad me fui muy contenta, aprendí mucho”, nos relata Pons con emoción en los ojos.

 

Dicen que la práctica hace al maestro y cada experiencia vivida es una oportunidad para crecer, para aprender; es por ello que Ale ha comprendido que en la vida “puede llegar un punto donde tengas mucho peso que cargar, pero lo tienes que hacer; puede haber un día que falles, o varios, pero va a llegar un día donde vas a bajar y subir como en una sentadilla, entonces, yo siempre trato de mantener en mi mente que cada día es como una montaña rusa, habrá días buenos y malos, pero uno decide que hará en los días malos”.

Y si alguien puede hablar del cuidado de la salud en forma integral es Ale Pons, quien ha vivido en carne propia la experiencia en este tema y nos comparte, “el verano pasado tuve una situación de depresión, literal no quería hacer nada, quería una pausa y eso me llevó a un intento de suicido. Después de eso mi vida cambio por completo, en la universidad falté un mes, me costó mucho salir de casa, lo hacía con miedo, ya no sabía que hacer; pero el único lugar donde dejaba de pensar y me sentía tranquila era en el gimnasio, pausaba mi mente y me concentraba en los ejercicios. Había días donde llegaba llorando, me ponía mis audífonos y lograba tranquilizar mi mente poco a poco hasta que sentí que renací”, añade la fisicoculturista.

Su sinfonía tuvo un silencio, una pausa larga que daría pie a los acordes para escuchar la siguiente nota, “creo que, si sigo aquí, a pesar de haber querido terminar con todo, es por algo, por una razón, es por eso por lo que decidí competir en junio, realmente lo hago por mí, por todas las personas que me acompañaron en los momentos difíciles y que actualmente siguen a mi lado”.

La obra musical es el resultado de la sensibilidad de su autora, una vida llena de ritmo y sonoridad, de graves y agudos que se unen en el ritmo de vida de Ale, una mujer que ama la vida, que ama sin prejuicios, que ama el canto de un pájaro, el atardecer, que aprecia mucho más las cosas, que valora cada minuto, que ya no se enfrasca en el pasado, vive en el presente, que encuentra música en todo y en todos.

Cada día de ensayo, cada borrón en el pentagrama, fueron afinando la melodía de su vida, pues Ale Pons comprendió que el secreto de su canción está en la armonía de cada nota que ella escribe en su diario vivir, “al principio estaba obsesionada con el deporte, dejaba a un lado a mis amigos, pareja, familia, pero me di cuenta de que ese no era el significado que quiero para el culturismo. Hoy lo veo como un arte, el gimnasio es ir a moldear la escultura de tu cuerpo, con cada repetición es cada pico, cada cincelada”, finalizó.

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